jueves, 19 de marzo de 2009

Noemí Martín ; soledades




Noemí Martín
; soledades



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Nacida en Barcelona en 1975, se matriculó a los 16 en la escuela de la Massana para estudiar arte y posteriormente se trasladó a vivir al campo . Su primera exposición ( colectiva) no sería hasta 1999, y con ella recorrería Madrid, Barcelona y Valencia. Tres años más tarde llegaría su primera en solitario. Actualmente , combinando con su actividad profesional, Noemi se dedica a la enseñanza de arte.

Como veis su obra se caracteriaza por esa especie de halo nostálgico de quietud y serenidad






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miércoles, 18 de marzo de 2009

Media botella de coñac en la tumba de Poe



Media botella de coñac en la tumba de Poe





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Madrugada del 19 de Enero, Baltimore; con absoluta solemnidad los guardianes del cementerio abren sus puertas en exclusiva a un misterioso visitante encapuchado que lo atraviesa como una sombra...
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Con un furtivo abrigo negro, y como cada año desde 1949, acude sin falta a la tumba de Edgar Allan Poe, a cumplir con el rito de dejar sobre su tumba tres rosas rojas y media botella de cognac en el día de su cumpleaños ...

Nadie sabe por qué El encapuchado elige esos objetos y nunca se supo quién era el admirador. Pero en 1993 el misterioso personaje dejo una nota con la frase :
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"La antorcha será traspasada".

Y así fue .
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Cuando se cumplían 190 años del nacimiento de Poe (1809-1849), un hombre vestido de negro atravesó el pórtico del cementerio y volvió a repetir el ritual, pero ésta vez en la tumba apareció acompañando a las rosas y el cognac una carta donde se informaba de la muerte de aquel pionero admirador y la voluntad de su heredero de continuar la tradición.

Hasta el día de hoy, 160 años desde la muerte de ese desamparado ser cuyas últimas palabras fueron "...que Dios ayude a mi pobre alma...", nadie sabe quién es el personaje en cuestión.


Siempre se dijo que Poe había muerto debido al alcoholismo, pero una investigación reciente de la Universidad de Maryland asegura que murió por la rabia transmitida en mordisco de un gato. Y tras tener unos delirios terribles y alucinaciones claustrofóbicas que le hacían ver diablos azules , éstos lo soltaron en la madrugada de un domingo 7 de octubre de 1849 , en Baltimore , a los 40 años...

Julio Cortázar fue uno de aquellos que recogió la leyenda, la crónica de un ser de tristezas .

Sabemos de Poe que él y sus hermanos, tempranamente huérfanos tras el fallecimiento de su madre, la actriz Eliza Arnold (Drcha, en la imagen) , fueron regalados a parientes o recogidos por la caridad ajena.
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Edgar, muy joven, buscaría la enmienda afectiva en un par de amores imposibles e idealizados, como aquella misteriosa “Helen” de sus primeros poemas, (Eleonora) que en realidad correspondía a la joven madre de un condiscípulo suyo.

Imagen: Helen Whitman

Su diosa lo llevaría a una pasión inextinguida y trágica (como todas las materias de su vida): Mrs. Stanard enfermó y la locura la consumió rápida y definitivamente.

Él , desconsolado, iba por las noches a visitar la tumba de su Helen querida. Muy cerca de allí, un par de años más tarde, ocurriría un episodio similar. El muchacho no pudo resistir frente a la tumba de Frances Allan, la mujer que lo crió y a la que ni siquiera le fue dado ver ya muerta, y cayó desmayado sobre el lecho de piedra.

Siempre en el plano de los ensueños, donde el espíritu del poeta busca el ideal femenino, tenemos su matrimonio con su prima carnal, cuando la impúber de 14 años no alcanzaba todavía su pleno desarrollo mental. El poeta tenía doce años más que ella, la que nunca dejó de ser niña.

Con Virginia vivirá una de sus precarias treguas de felicidad vital y de ansia creativa, entre 1838 y 1842.

En enero de ese año, mientras su cándida mujer (en la imagen) entonaba una nota aguda acompañada de un arpa, estalló una infame canción de sangre tuberculosa de su delicada garganta.

El episodio más horrible en la vida siempre inestable de Edgar Allan Poe; a partir de ahora sobre todo, se desconcierta en rasgos anormales. “Mis enemigos atribuyeron la locura a la bebida, en vez de atribuir la bebida a la locura…”. Las alucinaciones atroces del bebedor ya no lo dejarán. Es la época de “El cuervo”, de la máxima efusión de Poe como escritor y de su posterior y definitivo desplome, con la agonía de su mujer-niña, quien moriría a fines de enero de 1847 y por quien, el desconsolado amante, escribe “Annabel Lee:


“y así, durante toda la noche, permanezco tendido al lado
de mi querida, mi querida, mi vida y mi novia,

allá en el sepulcro junto al mar
en su tumba junto al mar sonoro”.


Poe empezó a temerle a la oscuridad y no podía dormir. Recaía en el opio y en el alcohol, y en la figura de otras vulgares musas de carne y hueso. Su vida se vuelve fluctuante y equívoca. Con escasos momentos de lucidez.
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Imagen: Fordhamk, casa de Poe y Virginia

Con un final miserable, queda su vida ebria rezagada para siempre en Baltimore, allí donde descansará por fin su cuerpo , cuando los pétalos de las rosas aprendían a rondar los jardines de Westminster y el viento empujaba las sombras de otras muchas almas . Como si alguien llorara sobre el corazón de las cosas.

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domingo, 15 de marzo de 2009

Desechando lo desechable


Imagen: Stanley Spencer



Desechando lo desechable


Seguro que el destino se ha confabulado para complicarme la vida. No consigo acomodar el cuerpo a los nuevos tiempos. O por decirlo mejor: no consigo acomodar el cuerpo al “use y tire” ni al “compre y compre” ni al “desechable”.

Ya sé, tendría que ir a terapia o pedirle a algún siquiatra que me medicara. Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los gurises, los colgábamos en la cuerda junto a los chiripás, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos... nuestros nenes... apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables! Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles uruguayas guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. ¡¡¡Nooo!!! Yo no digo que eso era mejor. Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra. Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto. Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses o el monitor de la computadora todas las navidades. ¡Guardo los vasos desechables! ¡Lavo los guantes de látex que eran para usar una sola vez! ¡Apilo como un viejo ridículo las bandejitas de espuma plást de los pollos! ¡Los cubiertos de plástico conviven con los de alpaca en el cajón de los cubiertos! Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida ¡Es más! ¡Se compraban para la vida de los que venían después! La gente heredaba relojes de pared, juegos de copas, fiambreras de tejido y hasta palanganas y escupideras de loza. Y resulta que en nuestro no tan largo matrimonio, hemos tenido más cocinas que las que había en todo el barrio en mi infancia y hemos cambiado de heladera tres veces.
¡¡Nos están jodiendo! ! ¡¡Yo los descubrí... Lo hacen adrede!! Todo se rompe, se gasta, se oxida, se quiebra o se consume al poco tiempo para que tengamos que cambiarlo. Nada se repara. ¿Dónde están los zapateros arreglando las media-suelas de las Nike? ¿Alguien ha visto a algún colchonero escardando sommiers casa por casa? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿Quién arregla los cuchillos eléctricos? ¿El afilador o el electricista? ¿Habrá teflón para los hojalateros o asientos de aviones para los talabarteros?
Todo se tira, todo se desecha y, mientras tanto, producimos más y más basura. El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad. El que tenga menos de 40 años no va a creer esto: ¡¡Cuando yo era niño por mi casa no pasaba el basurero!! ¡¡Lo juro!! ¡Y tengo menos de... años! Todos los desechos eran orgánicos e iban a parar al gallinero, a los patos o a los conejos (y no estoy hablando del siglo XVII) No existía el plástico ni el nylon. La goma sólo la veíamos en las ruedas de los autos y las que no estaban rodando las quemábamos en la Fiesta de San Juan. Los pocos desechos que no se comían los animales, servían de abono o se quemaban. De 'por ahí' vengo yo. Y no es que haya sido mejor. Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo'. Mi cabeza no resiste tanto. Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real. Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre (y vaya si era un nombre como para cambiarlo) Me educaron para guardar todo. ¡¡¡Toooodo!!! Lo que servía y lo que no. Porque algún día las cosas podían volver a servir. Le dábamos crédito a todo. Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema: nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no. Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardinera y no sé cómo no guardamos la primera caquita. ¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?
¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones. El primer cajón era para los manteles y los repasadores, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto. Y guardábamos.. . ¡¡Cómo guardábamos!! ¡¡Tooooodo lo guardábamos!! ¡¡Guardábamos las chapitas de los refrescos!! ¡¿Cómo para qué?! Hacíamos limpia-calzados para poner delante de la puerta para quitarnos el barro. Dobladas y enganchadas a una piola se convertían en cortinas para los bares. Al terminar las clases le sacábamos el corcho, las martillábamos y las clavábamos en una tablita para hacer los instrumentos para la fiesta de fin de año de la escuela. ¡Tooodo guardábamos! ¡¡¡Las cosas que usábamos!!!: mantillas de faroles, ruleros, ondulines y agujas de primus. Y las cosas que nunca usaríamos. Botones que perdían a sus camisas y carreteles que se quedaban sin hilo se iban amontonando en el tercer y en el cuarto cajón. Partes de lapiceras que algún día podíamos volver a precisar. Cañitos de plástico sin la tinta, cañitos de tinta sin el plástico, capuchones sin la lapicera, lapiceras sin el capuchón. Encendedores sin gas o encendedores que perdían el resorte. Resortes que perdían a su encendedor. Cuando el mundo se exprimía el cerebro para inventar encendedores que se tiraran al terminar su ciclo, los uruguayos inventábamos la recarga de los encendedores descartables Y las Gillette -hasta partidas a la mitad- se convertían en sacapuntas por todo el ciclo escolar. Y nuestros cajones guardaban las llavecitas de las latas de sardinas o del corned-beef, por las dudas que alguna lata viniera sin su llave.
¡Y las pilas! Las pilas de las primeras Spica pasaban del congelador al techo de la casa.
Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más. No nos resignábamos a que se terminara su vida útil, no podíamos creer que algo viviera menos que un jazmín.
Las cosas no eran desechables… eran guardables.
¡¡Los diarios!! Servían para todo: para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia y por sobre todas las cosas para envolver. ¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al cuadril!
Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los cigarros para hacer guías de pinitos de navidad y las páginas del almanaque del Banco de Seguros para hacer cuadros, y los cuentagotas de los remedios por si algún remedio no traía el cuentagotas y los fósforos usados porque podíamos prender una hornalla de la Volcán desde la otra que estaba prendida y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos.
Y las cajas de cigarros Richmond se volvían cinturones y posamates, y los frasquitos de las inyecciones con tapitas de goma se amontonaban vaya a saber con qué intención, y los mazos de cartas se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía “éste es un 4 de bastos”.
Los cajones guardaban pedazos izquierdos de palillos de ropa y el ganchito de metal.
Al tiempo albergaban sólo pedazos derechos que esperaban a su otra mitad para convertirse otra vez en un palillo.
Yo sé lo que nos pasaba: nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos. Así como hoy las nuevas generaciones deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir, aquellos tiempos eran de no declarar muerto a nada: ¡¡¡ni a Walt Disney!!!
Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base y nos dijeron: 'Cómase el helado y después tire la copita', nosotros dijimos que sí, pero, ¡¡¡minga que la íbamos a tirar!!! Las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas. Las latas de arvejas y de duraznos se volvieron macetas y hasta teléfonos. Las primeras botellas de plástico -las de suero y las de Agua Jane- se transformaron en adornos de dudosa belleza. Las hueveras se convirtieron en depósitos de acuarelas, las tapas de bollones en ceniceros, las primeras latas de cerveza en portalápices y los corchos esperaron encontrarse con una botella. Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos. No lo voy a hacer

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables; que también el matrimonio y hasta la amistad es descartable. Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas. Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero. No lo voy a hacer. No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne. No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte apenas empiezan a fallar en sus funciones, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos, que a las personas que les falta alguna función se les discrimina o que valoran más a los lindos, con brillo y glamour. Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares. De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a la bruja como parte de pago de una señora con menos kilómetros y alguna función nueva.

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que la bruja me gane de mano ...y sea yo el entregado.

Y yo…no me entrego.


Marciano Durán
2006 Enero

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Mi agradecimiento a Cassandra del blog "El buen salvaje", de donde ha sido tomado prestado este artículo
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Añado una pequeña nota de disculpa, acabo de saber que ni el título, ni la autoría a quien atribuí el texto son correctas, ( ahora sí) .No era de Eduardo Galeano, ni tampoco se llamaba "Para mayores de 40" y había modificaciones en el texto , Su autor correcto es Marciano Durán , su título es "Desechando lo desechable" , y también he corregido las modificaciones que había con respecto al texto original.
Mis más sinceras disculpas al autor, y mi agradecimiento a la persona que me avisó del error. Lo lamento
Marciano Durán WEB

Entre licores y cristales , Emily Zasada





Entre licores y cristales , Emily Zasada



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Nacida en Baltimore, Estados Unidos, Emily Zasada es en realidad una licenciada en Inglés. Pintora autodidacta de estilo Realista, su obra se caracteriza por la persecución de las transparencias que otorgan cristales y licores . Especialista en el arte de "retratar" vinos de Virginia, así como Merlots y Martinis, los juegos de luces que inciden o atraviesan las copas parecen ser su especialidad creando con ellos ambientes realmente veraces . Parece mentira, pero Emily lleva apenas 5 años pintando. Desde luego hay gente que tiene talento a raudales, este es uno de esos casos.












Si te gusta su obra, puedes ver más AQUI

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Mi más sincero agradecimiento a nuestra amiga: Carla Tormenta de Mágico Arte , gracias a ella y su generoso link podemos disfrutar hoy de esta entrada.

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viernes, 13 de marzo de 2009

Honoré de Balzac a la mesa ...o cien de una tacada




Imagen: Abraham van Beyeren



Honoré de Balzac a la mesa,

.. o cien de una tacada





"Dime qué comes y te diré quién eres"

Honoré de Balzac





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Pocos escritores a lo largo de la historia , como Balzac (1799-1850), han dado tanta importancia a lo que comían y bebían sus personajes . No hay novela suya en la que en un momento dado un personaje no aparezca sentado a la mesa dando buena cuenta de un menú del que Honoré nos da pelos y señales.

Y es que Honoré de Balzac fue un virtuoso dentro del mundo de la cocina, y su interés por la comida, casi casi enciclopédico; tan es así que Fernand Lacre, un comentarista de la época extrajo de entre sus obras una larguísima lista de restaurantes e hizo con ella una guía que catalogó con estrellas (según los valoraba el propio Honoré) . Una especie de precursora de la Guía Michelin , pero a lo Balzac . Pero lo más curioso de todo es que el autor de "La comedia humana" -que , por cierto, tiene como escenario los grandes restaurantes parisinos- , era de lo más comedido mientras escribía. No se permitía apenas un capricho. Su dieta se basaba en unas legumbres hervidas, unos huevos escalfados, un vaso de vino, fruta y eso sí : mucho café; pero ... siempre hay un pero... espérate a que acabase una obra... entonces sí que se daba el festín padre. Acudía a alguno de los mencionados restaurantes y se daba un homenaje. Y cuando hablo de un festín de alto copete, lo que quiero decir es que -tal como cuenta el propio editor Werdet acerca de una cena a la que acudió con él , de una tacada, el angelito se podía meter entre pecho y espalda :
"... cien ostras de Ostende, doce costillas de cordero, un pato con nabos, un par de perdices asadas, un enorme lenguado lenguado normando ,sin contar los entremeses, las frutas, la enorme cantidad de peras que devoró -más de una docena- y todo ello regado con los vinos más finos . Tomó luego el café y los licores . Todo engullido sin misericordia . Al acabar su pantagruélica comida me dijo : " A propósito, querido, ¿ tiene usted algún dinero? Yo le contesté : sólo llevo unos 40 francos . No necesito más que cinco , respondió . Hice entonces el gesto de recoger algo del suelo y se los pasé. Pidió la cuenta y sin mirarla sacó un lápiz , escribió unas palabras y la firmó. Dio al camarero la moneda de cinco francos como propina y salimos a la calle. Yo estaba intrigado: querido Balzac, le dije ¿ qué habeis escrito al pie de la factura? Mañana lo sabreis , me contestó" .


Efectivamente , al día siguiente , el editor Werdet recibió una factura de "Chez Véry" que se elevaba a 62 francos con cincuenta centavos, que el elditor , avisado, se apresuró a restar de las ganancias del buen Balzac, incluyendo los cinco francos de propina



"El glotón es el sujeto menos estimable de la gastronomía,
porque ignora su principio elemental:
¡El arte sublime de masticar!"


Honoré de Balzac


Pero en la obra de Balzac no sólo encontramos referencia a restaurantes o banquetes, por ejemplo, en su obra en su obra “Tratado de los excitantes modernos” da su particular opinión sobre la nutrición:
"El destino de un pueblo depende de su nutrición y de su régimen. Los cereales han creado los pueblos artistas. El alcohol ha aniquilado las razas indias. Para mí Rusia es una aristocracia sostenida por el alcohol. Y quizás el abuso del chocolate ha sido la causa de la decadencia de la nación española, que, en el momento del descubrimiento del chocolate, estaba a punto de reconstruir el imperio romano".

Escultura: Rodin


Pero no sólo con su editor solía comer Balzac ,¡qué va! ; una vez a la semana se daba un caprichín junto a un amigo del que sólo se diferenciaba una cosa: a Honoré le gustaba acompañar el queso Roquefort con Champagne y su amigo sin embargo prefería el vino dulce de Sauternes. Una noche, cuando ya habían terminado un asado y estaban esperando los quesos, al amigo le dio un ataque y cayó fulminado sobre la mesa. Rápido de reflejos, Balzac saltó de la silla, llamó al maître y le dijo: “Hoy sirva el Roquefort sólo con Champagne”.

Actualmente ,ha sido el comentarista gastronómico de Le Monde , "La Reyniere", quien ha recopilado en el libro "Balzac a table ", toda una serie de platos citados por el autor a lo largo de sus obras .

Pero lo cierto es que aparte de su pasión por la comida y sus periodos de "carencia", de sus desfases y sus "salidas geniales" también es , éste que escribe a su hermana, Honoré Balzac un hombre que buscaba el afecto femenino:


"Mi plato está vacío y tengo hambre.
Mis dos únicos e inmensos deseos es ser célebre y ser amado…
consagrarme a la felicidad de una mujer es para mi un sueño perpetuo”.


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jueves, 12 de marzo de 2009

Morea , piel de colores

Imagen: Helena Nelson




Morea , piel de colores



Tenía todo el cuerpo tatuado, pero sus tatuajes no tenían nada que ver con los que se hacen en cualquier taller de Amsterdam o de Malibú. En la piel de Morea se encontraba reflejada toda la historia de la culinaria, desde el Renacimiento hasta nuestros días . Y todo por el capricho de sus madre, Madame Ninette, hija del ebajador francés itinerante, a la que encantaba la cocina. La señora se enamoró perdidamente de un tatuador de las Islas Salóm , al que convenció para que la epidermis de la chica fuera además de un reclamo de la habilidad del padre, un compendio gráfico del arte de los fogones.

Lo interesante del caso es que , a medida que fue creciendo, Morea asumió su colorido cuerpo hasta el punto de que , tras aprender las mañas de su progenitor, ella misma fue tatuándose las partes del cuerpo que le quedaban libres con las recientes creaciones de los grandes cocineros. De Bocuse llevaba con orgullo en el lóbulo de su oreja izquierda la representación de la famosa "Sopa Elyseé", mientras que en el otro, con vívidos colores, resaltaba un pastel de verduras de Luis Irízar. Un diminuto plato de erizos gratinados se posaba en la yema del pulgar de su mano izquierda, mientras que en el resto se representaba una cascada de langostinos; un panal de miel de mazapán, con abejas cuyas alas eran de almendras, y una lira de azúcar rosado con las cuerdas de hilo de caramelo que había creado Carême, se mostraban en la palma de la mano.

Morea se ganaba la vida exibiéndose en los más famosos museos de arte contemporáneo, y admitiendo las firmas de los cocineros que querían representar sus últimas creaciones en el cuerpo de la muchacha.

Una noche, tras haberle grabado en un tobillo una esplendorosa gallina de Bresse en vejiga, de Jacques PIc, que el francés nos sirvió en su restaurante de Valence, Morea se empeñó en que participase en un banquete imaginario admirando sus más secretos tatuajes. Ante mis anhelantes ojos aparecieon dos enormes y magníficas serpientes de mazapán con sus frutas escarchadas que rodeaban sus turgentes pechos, y cuyas cascabeleras colas culminaban en el rojo cereza de sus pezones; el ombligo era la guinda cardenalicia de una tarta glaseada al ron, y un palmo más abajo, una bandeja de húmedas ostras rezumaba gotas de un salino líquido elemento que se perdían en su monte de Venus.

No sé si fue debido a la gallina de Bresse o a los cromáticos tatuajes de Morea, pero les aseguro que aquella noche tuve pesadillas.



Manuel Julbe
De sabores y amores

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martes, 10 de marzo de 2009

Frederick Childe Hassam , del mercado a la mesa




Frederick Childe Hassam

del mercado a la mesa



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Pintor Impresionista norteamericano, nacido en Massachusetts (1859 1935) , estudió arte en la Mather School de Dorchester, donde se especializó en dibujo y acuarela y comenzó su andadura como ilustrador, trabajando por libre y proporcionando dibujos a diversas publicaciones .
Tras el primero de sus cinco viajes a Europa se apunta al Boston Art Club donde recibe clases y se convirtió en miembro del Boston Paint and Clay Club, una organización que reunía a artistas y críticos. Es esta su etapa de pinturas de nieve , lluvia y nieblas, así como fundamentalmente paisajes ciudadanos de Boston . En su regreso a Europa en 1886, pasó la mayor parte de su tiempo en París , donde tuvo como maestros a Gustave Boulanger y Jules-Joseph Lefebvre. Allí espuso en el Salon de París en 1889, así como cuatro pinturas en la Exposition Universelle, en la que recibió una medalla de bronce.

Tras varias idas y venidas a Europa, a Cuba ... e ingresos y salidas de distintas asociaciones culturales y pictóricas, Hassam fue elegido miembro asociado de la National Academy of Design en 1902 y en 1906 se convirtió en académico. En 1915 empieza a interesarse en el grabado al aguafuerte con el que tiene algunos escarceos , y finalmente en 1920 es elegido miembro de la American Academy of Arts and Letters . Childe Hassam fue de lo más prolífico, la friolera de unos 3000 cuadros a sus espaldas dan buena prueba de ello.










Si te gusta el estilo de este fantástico pintor, puedes ver gran parte de su obra clicando AQUI

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lunes, 9 de marzo de 2009

Un cuento de hadas

Imagen: Joszef Rippl-Ronai


Un cuento de hadas
(fragmento)



Un sábado, en un frívolo atardecer de mayo, Erwin estaba sentado ante una mesa, en la acera de un café. Observaba a la apresurada multitud, y, cada tanto, su incisivo mordíale fugazmente el labio . Tintes rosados coloreaban el cielo, y, mientras crecía el crepúsculo, las luces de la calle y los anuncios de los negocios despedían un fulgor sobrenatural. Una muchacha, anémica pero bonita, pregonaba las primeras lilas. El fonógrafo del café, adecuadamente, irradiaba el Aria de la Flor, de Fausto. Una mujer madura, vestida con un traje sastre negro, se abrió paso, meneando las caderas con pesadez, aunque no sin gracia, entre las mesas. No había ninguna libre. Finalmente, apoyó una mano, ceñida por un guante negro y brilloso, sobre el respaldo de la silla vacía que había frente a Erwin.

- ¿Me permite? -sus ojos, desde el velo corto de su sombrero de terciopelo, lo interrogaron con gravedad.


- Sí, naturalmente -respondió Erwin, y se incorporó, saludándola con una leve inclinación. La presencia de esas mujeres sólidas, con pómulos de corte masculino, recubiertos con espeso maquillaje, no lo perturbaba. La mesa recibió el resuelto impacto de la enorme cartera de la mujer, que ordenó una taza de café y una porción de tarta de manzana. Su voz profunda era algo áspera, aunque agradable. Las tinieblas invadieron el vasto cielo tiznado de rosa. Crujió un tranvía que pasaba, y sus luces inundaron el asfalto con sus lágrimas radiantes. Desfilaron bellezas con faldas cortas, seguidas por la mirada de Erwin. “Quiero ésta", pensó, mordiéndose el labio inferior. "Y aquélla, también".

- Creo que podríamos solucionarlo- dijo la mujer que tenía frente a él, con esa misma voz, ronca y severa, con que se había dirigido al mozo. Poco faltó para que Erwin se cayera de espaldas. La dama le ofreció una mirada intensa, mientras se quitaba un guante para sorber su café. Sus ojos, maquillados, ostentaban un fulgor duro y helado, suntuoso como el de las joyas falsas. Debajo de ellos, se abultaban gruesas ojeras y -algo muy poco frecuente en las mujeres, aun cuando tengan cierta edad- asomaban pelos por las ventanas de su nariz felina. Al quitarse el guante, descubrió una mano grande y arrugada, prolongada en uñas largas, hermosas y convexas.

- No te sorprendas -lo contuvo, con una torcida sonrisa. Ahogó un bostezo y añadió-: En realidad, yo soy el Diablo. Erwin, tímido e ingenuo, creyó que sólo era un modo de decir, pero la dama, bajando la voz, prosiguió de este modo:- Los que me imaginan con cuernos y una gruesa cola cometen un gran error. Sólo una vez aparecí bajo esa forma, ante un imbécil bizantino , y te aseguro que no me explico por qué tuvo tanto éxito.



Vladimir Nabokov
Cuentos completos

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