lunes, 6 de abril de 2009

El vino del estío


Imagen: Craig Stephens

El vino del estío
(fragmento)




El pueblo, luego, más tarde...

Y otra cosecha.

El abuelo de pie en el amplio porche, como un capitán que otea la calma vasta e inmóvil de una estación muerta. Interrogaba el viento, y el cielo inalcanzable, y el césped desde dondeDouglas y Tom lo interrogaban a él.

— Abuelo, ¿están listas? ¿Ya?

El abuelo se pellizcó la barbilla.

— Quinientas, mil, dos mil, por lo menos. Si, sí, una provisión excelente, recójanlas con rapidez, recójanlas todas. ¡Diez centavos por cada saco llevado a la prensa!
¡Oh!

Los muchachos se inclinaron, sonriendo. Recogieron las flores doradas. Las flores que inundaban el mundo, llevaban el campo a las calles de ladrillos, llamaban suavemente a las ventanas de los sótanos, y se movían difundiendo el resplandor y el centelleo del sol fundido.

— Todos los años -dijo el abuelo-, crecen a tontas y a locas; las dejo. Orgullosas como leones en un corral, Míralas, y te harán un agujero en la retina. Una flor común, una maleza que nadie ve, sí. Pero para nosotros algo noble, el diente de león.
Así, cuidadosamente cortados, en sacos, llevaron abajo los dientes de león.
El sótano oscuro se iluminó con su llegada. La prensa del vino esperaba, abierta y fría. Cayó una ola de flores, y la prensa apretó la cosecha.

— Un poco más... así...
La marea de oro, la esencia de ese hermoso y delicado mes, que salía ahora por la abertura inferior, corrió a las tinajas, a desprenderse de sus fermentos, encerrarse en las batidoras, y alinearse en centelleantes botellas a la sombra del sótano.


El vino de diente de león.

Las palabras sabían a verano. El vino era verano encerrado y taponado. Y ahora que Douglas sabía, realmente sabía, que estaba vivo, y se movía en el mundo para verlo y tocarlo, convenía que algo de este nuevo conocimiento, algo de este especial día de vendimia, fuera apartado y sellado, y abierto luego un día de enero, cuando nevara rápidamente y el sol estuviese oculto desde semanas o meses atrás, y el milagro, en parte olvidado, necesitara renovarse. Sería aquel un verano de insospechables maravillas, y Douglas quería que lo conservaran y ordeñaran. En cualquier momento bajaría de puntillas a ese húmedo crepúsculo y acercaría las puntas de los dedos.

Y allí, hilera sobre hilera, con el color suave de las flores que se abren a la mañana, con la luz del sol de junio tras una débil película de polvo, estaría el vino. Y al mirar el día invernal a través de la botella... la nieve se fundiría en pastos, en los árboles vivirían otra vez pájaros, hojas, y capullos, como un continente de mariposas que se alzara al viento. Y el cielo acerado sería azul.

Ten el estío en la mano, sírvete un poco de estío, un vasito nada más por supuesto, un sorbito para niños; cambia la estación en tus venas llevándote el vaso a los labios y empinando el estío.




Ray Bradbury
El vino del estío


7 comentarios:

Montse dijo...

Saborear fuera del tiempo ¡qué buena propuesta!
Apetece tomarse un vasito...
¡Un brindis por el vino!

femme d chocolat dijo...

Sí, es como guardar el verano en una botella


Un brindis, Montse!!!

Marina dijo...

¡Chin, chin, preciosa!

el Kontra dijo...

Así como el vino ha sido exquisito degustar de las metaforas de Bradbury, gracias por compartir Femme.

femme d chocolat dijo...

chin, chin, Marina!

*********
Bradbury es mi autor preferido, y casi casi casi: mi HUMANO preferido , también! jajajja

Besote, kontra, me alegra verte!

jorge dijo...

Esta obra de Bradbury, la preferida de una amiga mia, fue la que me descubrio la faceta que le alejaba de la ciencia-ficcion.

Yo le conoci por Farenheit...

Femme d chocolat dijo...

De tu amiga y LA MIA

Bradbury es mi "autor/HOMBRE" predilecto. Me resulta "de la familia" también, como Rockwell.

Yo prefiero sus cuentos de NO ciencia ficción.Me parecen profundamente humanos y mágicos.